Solamente a mí se me ocurre pensar que me iba a salvar con este laburo. Ni el casamiento de los enanos que hiciera el querido y recordado Roberto Galán dio tanto que hablar. Pasen y lean:
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Quinta parte)
Arreglamos y al otro día viajé a La Rioja para hacer de mozo en el casamiento del doctor Carlos Saúl Menem con la chilena Cecilia Bolocco.
Les juro que cuando lo supe me quedé sorprendido. Es que el turco tenía setenta y un años y ella treinta cinco. Para mí era como comprarse un libro para que lo lea otro.
Pero se casaron nomás. Y fue por amor… Por amor al poder.
Cecilia pensaba que si Menem era otra vez presidente, ella sería primera dama. Y el riojano pensaba que si no lo elegían acá, cruzaba los Andes con ella y se tiraba a ser presidente de Chile.
El asunto es que mientras ellos soñaban yo laburaba como negro…
Hacer de mozo fue una tortura. Primero fuimos con la idea de armar todo en Anillaco. ¡Para qué! Zulemita se rayó y echó hasta el loro.
Así que tuvimos que llevarnos todo para la capital riojana y armar de apuro ahí. Cuando terminé de poner la vajilla me di cuenta de que en ese casamiento habría más gente que en un River-Boca.
Encima se mandaron un locro popular. Imaginate; cuando salía de la cocina y llegaba a la otra punta, el locro ya estaba congelado. Así que de vuelta a la cocina… Todo en medio de las puteadas, los empujones, los codazos, los pisotones… No se imaginan. Para peor, diez horas después de que se habían ido los novios, la gente todavía seguía comiendo.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Terminé hecho pelota. Acalambrado hasta el cuello. Con unas ampollas en los pies tan pero tan grandes que cuando me las reventé se me inundó el cuarto. Y de tanto llevar bandejas, tuve un miniquiebre de muñeca izquierda, lo que me dio apariencia de trolo. Apariencia que resultó bastante evidente pues varios mozos me cargaron y un par, me dieron su número de teléfono.
Por suerte después de un mes, estaba prácticamente bien.
Pero Alfredito argentino no es ningún boludo.
Ese laburo lo iba a cobrar si o si. Fui a la agencia y me dijeron que la plata la tenía el novio. Ahí nomás me fui a la casa del turco. Toqué timbre y una mucama me dijo que el señor Menem había salido. “¿Está de luna de miel?”, arriesgué. “No, Está preso”, me contestó.
Yo creo que si no caí muerto en ese momento, no me muero más.
Es que me agarró un terrible ataque… de risa. En serio… Si hasta tuve una entorsis de mandíbula. Porque yo podía creer que Florencia De La Ve estuviera embarazada. ¿Pero el turco en cana?… No. Y menos acá.
Sin embargo era verdad. Cuando confirmé la noticia, mi forma de pensar cambió completamente.
Me sentí orgulloso de mi país. Por fin habíamos crecido. Por fin esto dejaba de ser un circo. Por fin la justicia actuaba con firmeza, decisión y seriedad.
Emocionado pregunté si estaba en Devoto; Ezeiza o Sierra Chica. “No, me respondió. En La Quinta de Gostanian”.
Sin ánimo de ofender, este país en vez de Argentina se tendría que llamar Sarrasani…
El asunto es que la Quinta de Gostanian se transformó en La Meca.
Empezó a ir más gente que en una procesión a Luján. Y eso me dio una idea
Con tanto movimiento, el negocio está es ponerse un puestito ambulante para vender choripan, “sanguches”, pan con chicharrón… o “suvenirs”. Eso me gustó más. Los “suvenirs”. Así que empeñé parte de la ropa que tenía puesta, compré mercadería y me fui para allá.
¿Ya se imaginan como me fue? Eeeeeh!!! Miren que alguna vez las cosas me pueden ir bien… Claro que no será esta… La próxima sabrán por qué
lunes, 23 de agosto de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
DIME QUIEN ME AYUDA Y TE DIRÉ COMO ME CAGAN!!!
No hay caso. Siempre la ligo. Miren que intenté de todo, nunca esquivé el lomo (y así estoy, hecho pelota) pero nunca una buena… ¿No me creen? Lean lo que sigue…
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Cuarta parte)
Como les venía contando, Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
Un tipo me recomendó un casting para ir a un lugar donde daban casa y comida gratis por tres meses. Eso fue música para mis oídos. Porque no estaba en la lona. Estaba mil metros debajo de la lona… Y allá me fui.
Yo les digo con una mano en el corazón que creía que la casa del Gran Hermano era del padre Farinello. Porque viste que los curas son de andar diciendo hermano, hermana… Si hasta tenía confesionario y todo. Cuando averigüé un poco más descubrí que no era el padre Farinello sino Juan Alberto Badía y que en vez de la religión católica se practicaba el culto hindú.
En serio… Alfredito argentino no es ningún boludo.
Me di cuenta que profesaban la religión hindú porque tenían una vaca sagrada. La trataban como una diosa. Solamente le sacaban leche. Mirá si tendrían adoración por esa vaca que cuando yo, que venía con el hambre atrasada del siglo veinte, propuse convertirla en parrillada casi me matan.
Entonces pensé que tampoco era una religión hindú. Salvo que Solita Silveyra fuera descendiente del Mahatma Ghandi…
El día que la ví gritando: “Adelante mis valientes” me dio como un estornudo cerebral. Mis neuronas se miraban desconcertadas.
Solita Silveyra había sido una de las abanderadas de la campaña que realizaron los actores y cuyo “leiv motiv” era: “Los actores queremos actuar” Y resulta que ahora ella era “conductora” de “eso” que llaman “Reality Show”
Al comprobar que Solita había entrado en la onda panqueque, recuerdo que pensé: “Ahora lo único que le falta es dedicarse a la política”. Dicho y hecho. Se tiró como candidata.
Y yo la entiendo. Después de todo, la Casa Rosada es como la casa del gran hermano. Los que están adentro no tienen ni idea de lo que pasa afuera.
Pero a mí que me importaba todo eso. Vivir ahí sería la gloria. Tendría las cosas que hace tiempo me faltaban. Casa, cama, comida y… a Gastón!
Justo en lo mejor de mi sueño, vino un tipo de la producción diciendo que en ese casting, por un tema de marketing, yo no daba el target y me dio un voleo en el ortex.
El puntapie que me dieron fue tan pero tan violento y certero, que tuvieron que operarme para sacarme el zapato de entre los cantos. La extracción fue casi un éxito. Digo casi porque me dejaron adentro la lengüeta. Por eso cada vez que comía porotos mi cola parecía una cornetita “espantasuegras”. La cosa que otra vez me quedé en la calle y sin un “sope”.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
El problema es que adelante estaba el abismo. Y mientras todos hablaban del “riesgo país”, a mi atacaba el riesgo hambre.
Por suerte una mina que conocí en el casting del Gran Hermano, me dio la dirección de una empresa de empleos temporarios. Fui al lugar y caí justo cuando buscaban mozos para un casamiento. “Esta es la mía”, dije agradeciendo a San Cayetano. Es que se trataba de un trabajito fácil, solamente por una noche, había comida gratis y propinas. Porque nunca falta el que te tira un billete para que le tengas la mesa bien atendida. Y allá fui…
¿Saben quien se casaba? Hagan memoria… Revisen las fechas… Una pareja… dos paises… El Gran Latin Lover argentino del momento… ¿No se acuerdan? Se los cuento en la próxima…
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Cuarta parte)
Como les venía contando, Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
Un tipo me recomendó un casting para ir a un lugar donde daban casa y comida gratis por tres meses. Eso fue música para mis oídos. Porque no estaba en la lona. Estaba mil metros debajo de la lona… Y allá me fui.
Yo les digo con una mano en el corazón que creía que la casa del Gran Hermano era del padre Farinello. Porque viste que los curas son de andar diciendo hermano, hermana… Si hasta tenía confesionario y todo. Cuando averigüé un poco más descubrí que no era el padre Farinello sino Juan Alberto Badía y que en vez de la religión católica se practicaba el culto hindú.
En serio… Alfredito argentino no es ningún boludo.
Me di cuenta que profesaban la religión hindú porque tenían una vaca sagrada. La trataban como una diosa. Solamente le sacaban leche. Mirá si tendrían adoración por esa vaca que cuando yo, que venía con el hambre atrasada del siglo veinte, propuse convertirla en parrillada casi me matan.
Entonces pensé que tampoco era una religión hindú. Salvo que Solita Silveyra fuera descendiente del Mahatma Ghandi…
El día que la ví gritando: “Adelante mis valientes” me dio como un estornudo cerebral. Mis neuronas se miraban desconcertadas.
Solita Silveyra había sido una de las abanderadas de la campaña que realizaron los actores y cuyo “leiv motiv” era: “Los actores queremos actuar” Y resulta que ahora ella era “conductora” de “eso” que llaman “Reality Show”
Al comprobar que Solita había entrado en la onda panqueque, recuerdo que pensé: “Ahora lo único que le falta es dedicarse a la política”. Dicho y hecho. Se tiró como candidata.
Y yo la entiendo. Después de todo, la Casa Rosada es como la casa del gran hermano. Los que están adentro no tienen ni idea de lo que pasa afuera.
Pero a mí que me importaba todo eso. Vivir ahí sería la gloria. Tendría las cosas que hace tiempo me faltaban. Casa, cama, comida y… a Gastón!
Justo en lo mejor de mi sueño, vino un tipo de la producción diciendo que en ese casting, por un tema de marketing, yo no daba el target y me dio un voleo en el ortex.
El puntapie que me dieron fue tan pero tan violento y certero, que tuvieron que operarme para sacarme el zapato de entre los cantos. La extracción fue casi un éxito. Digo casi porque me dejaron adentro la lengüeta. Por eso cada vez que comía porotos mi cola parecía una cornetita “espantasuegras”. La cosa que otra vez me quedé en la calle y sin un “sope”.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
El problema es que adelante estaba el abismo. Y mientras todos hablaban del “riesgo país”, a mi atacaba el riesgo hambre.
Por suerte una mina que conocí en el casting del Gran Hermano, me dio la dirección de una empresa de empleos temporarios. Fui al lugar y caí justo cuando buscaban mozos para un casamiento. “Esta es la mía”, dije agradeciendo a San Cayetano. Es que se trataba de un trabajito fácil, solamente por una noche, había comida gratis y propinas. Porque nunca falta el que te tira un billete para que le tengas la mesa bien atendida. Y allá fui…
¿Saben quien se casaba? Hagan memoria… Revisen las fechas… Una pareja… dos paises… El Gran Latin Lover argentino del momento… ¿No se acuerdan? Se los cuento en la próxima…
domingo, 9 de mayo de 2010
EL QUE NACE PARA MONOCULO NUNCA LLEGA A PRISMÁTICOS
Con el agua hasta el cuello pensaba… ¿Y ahora quien podrá a salvarme? Obviamente el Chapulín no me dio ni cinco de pelota, así que me desventurado derroteo siguió así.
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Tercera parte)
Les contaba que otra vez me agarró la inundación pero ahora en Capital. (La anterior en Pergamino, ver Capítulo III – Cuarta parte)
En este país hay hechos (y políticos) que se repiten una y otra vez y nosotros seguimos tropezando con ellos.
Por suerte esto pasó en Capital Federal, donde había un gobierno progresista (porque los amigos de Ibarra progresaron un montón) que intervino rápidamente y le echó la culpa al servicio meteorológico. Quien a su vez le echó la culpa al gobierno de la ciudad. Quien a su vez le echó la culpa a la empresa que no había terminado los trabajos. Quien a su vez le echó la culpa al gobierno de la ciudad… Quien a su vez le echó la culpa a San Pedro.
Es que fue tanta el agua caída que todos aprovecharon para lavarse las manos.
Eso sí. El gobierno de la ciudad me compensó la pérdida de los mil pares de zapatos. Me dio seiscientos pesos; una foto autografiada de Aníbal Ibarra y un manual explicando como cruzar nadando la avenida Cabildo.
Demás está decir que con semejante inundación tuve un mar de enfermedades. Me quedó el esófago flotante; cataratas; me gotea un codo y tengo un resfrío itinerante. Los estornudos me van saliendo por diferentes agujeros que tengo en el cuerpo.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Esos pocos manguitos que me habían quedado tenía que hacerlos rendir bien.
Y Alfredito argentino no es ningún boludo.
Había una forma de arriesgar unos pesos y ganar. El escolazo.
Quini, Loto, Monobingo, Brinco...
Porque seamos sinceros; como está la situación, el juego NO es una de las posibilidades para salvarse. Es LA UNICA.
Igual no funcionó. La Diosa Fortuna me hizo un maravilloso corte de manga. Y cuando ya creía que mi hundimiento era más irreversible que el del Titanic; un día veo la ciudad empapelada de afiches anunciando la salvación del país.
El final de todos los problemas y la entrada a un tiempo de bonanza, crecimiento y riqueza. Había llegado “El Blindaje”
Con “El Blindaje” en diez años seríamos una potencia mundial.
Con “El Blindaje” se terminaría la desocupación, la pobreza y la inseguridad.
“¡Qué lindo es dar buenas noticias!, decía De La Rua por televisión.
Yo ya me imaginaba viviendo en un país como Suiza. Hasta que con el correr de los meses descubrí que con el blindaje nos habían vendido un buzón más grande que Godzilla.
El único blindaje estaba en la cara de los gobernantes y los políticos. Y debió ser un blindaje de titanio porque todavía les aguanta para hacernos promesas y pedirnos sacrificios.
Pensándolo mejor, el blindaje me lo tendría que haber puesto yo en el culo porque estoy cansado de que me lo rompan.
Pero Alfredito argentino no es ningún boludo.
Acá el problema siempre fueron los ministros de economía.
Por eso cuando lo rajaron a Machinea me puse contento. Parece que alguien le avisó a De la Rua que era el presidente de la nación y que podía tomar decisiones.
La macana fue que nombró a Ricardo López Murphy. Y cuando éste anunció su plan casi nos infartamos todos. Quería recortar 600 millones. “¡Una barbaridad!”, saltó enojada la mayoría de la gente.
Por suerte también le dieron salida y volvió… ¡Cavallo!
Cuando lo anunciaron yo creí que era una joda. Pero no. Resultó cierto. A mí me quedó la duda si De La Rua y su entorno no habría que haberles hecho un control antidoping. ¡O “antidope”!
Es que para mí algo raro deben haber tomado. No puede ser que cada vez que deciden una medida, acierten… acierten en el bolsillo de la gente.
Reconozco además que, comparado con el superajustazo que se mandó el Mingo Cavallo, el plan de López Murphy era el paraíso.
Lo malo fue que semejantes medidas ampliaron mis posibilidades de ser más pobre. Conseguir un laburo me resultaba más difícil que ver a Julio Iglesias cantando una cumbia villera.
Pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
¿Se imaginan lo que había adelante por esa época? ¿Alguna tendría suerte y podría vivir como un ciudadano medianamente normal… o simplemente como un ciudadano?
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Tercera parte)
Les contaba que otra vez me agarró la inundación pero ahora en Capital. (La anterior en Pergamino, ver Capítulo III – Cuarta parte)
En este país hay hechos (y políticos) que se repiten una y otra vez y nosotros seguimos tropezando con ellos.
Por suerte esto pasó en Capital Federal, donde había un gobierno progresista (porque los amigos de Ibarra progresaron un montón) que intervino rápidamente y le echó la culpa al servicio meteorológico. Quien a su vez le echó la culpa al gobierno de la ciudad. Quien a su vez le echó la culpa a la empresa que no había terminado los trabajos. Quien a su vez le echó la culpa al gobierno de la ciudad… Quien a su vez le echó la culpa a San Pedro.
Es que fue tanta el agua caída que todos aprovecharon para lavarse las manos.
Eso sí. El gobierno de la ciudad me compensó la pérdida de los mil pares de zapatos. Me dio seiscientos pesos; una foto autografiada de Aníbal Ibarra y un manual explicando como cruzar nadando la avenida Cabildo.
Demás está decir que con semejante inundación tuve un mar de enfermedades. Me quedó el esófago flotante; cataratas; me gotea un codo y tengo un resfrío itinerante. Los estornudos me van saliendo por diferentes agujeros que tengo en el cuerpo.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Esos pocos manguitos que me habían quedado tenía que hacerlos rendir bien.
Y Alfredito argentino no es ningún boludo.
Había una forma de arriesgar unos pesos y ganar. El escolazo.
Quini, Loto, Monobingo, Brinco...
Porque seamos sinceros; como está la situación, el juego NO es una de las posibilidades para salvarse. Es LA UNICA.
Igual no funcionó. La Diosa Fortuna me hizo un maravilloso corte de manga. Y cuando ya creía que mi hundimiento era más irreversible que el del Titanic; un día veo la ciudad empapelada de afiches anunciando la salvación del país.
El final de todos los problemas y la entrada a un tiempo de bonanza, crecimiento y riqueza. Había llegado “El Blindaje”
Con “El Blindaje” en diez años seríamos una potencia mundial.
Con “El Blindaje” se terminaría la desocupación, la pobreza y la inseguridad.
“¡Qué lindo es dar buenas noticias!, decía De La Rua por televisión.
Yo ya me imaginaba viviendo en un país como Suiza. Hasta que con el correr de los meses descubrí que con el blindaje nos habían vendido un buzón más grande que Godzilla.
El único blindaje estaba en la cara de los gobernantes y los políticos. Y debió ser un blindaje de titanio porque todavía les aguanta para hacernos promesas y pedirnos sacrificios.
Pensándolo mejor, el blindaje me lo tendría que haber puesto yo en el culo porque estoy cansado de que me lo rompan.
Pero Alfredito argentino no es ningún boludo.
Acá el problema siempre fueron los ministros de economía.
Por eso cuando lo rajaron a Machinea me puse contento. Parece que alguien le avisó a De la Rua que era el presidente de la nación y que podía tomar decisiones.
La macana fue que nombró a Ricardo López Murphy. Y cuando éste anunció su plan casi nos infartamos todos. Quería recortar 600 millones. “¡Una barbaridad!”, saltó enojada la mayoría de la gente.
Por suerte también le dieron salida y volvió… ¡Cavallo!
Cuando lo anunciaron yo creí que era una joda. Pero no. Resultó cierto. A mí me quedó la duda si De La Rua y su entorno no habría que haberles hecho un control antidoping. ¡O “antidope”!
Es que para mí algo raro deben haber tomado. No puede ser que cada vez que deciden una medida, acierten… acierten en el bolsillo de la gente.
Reconozco además que, comparado con el superajustazo que se mandó el Mingo Cavallo, el plan de López Murphy era el paraíso.
Lo malo fue que semejantes medidas ampliaron mis posibilidades de ser más pobre. Conseguir un laburo me resultaba más difícil que ver a Julio Iglesias cantando una cumbia villera.
Pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
¿Se imaginan lo que había adelante por esa época? ¿Alguna tendría suerte y podría vivir como un ciudadano medianamente normal… o simplemente como un ciudadano?
lunes, 8 de marzo de 2010
NO, SI A MI ME PASAN TODAS
Estoy abonado de por vida a la mala suerte. Yo le pongo ganas, intento, busco, pero la realidad no me da respito. Lean lo que me pasó ahora.
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Segunda parte)
Así que busqué, busqué y recontrabusqué y al final conseguí una recomendación para un laburo bien pago y tranquilo en un lugar donde nunca pasa nada. El Senado Nacional. Mediados del año dos mil. Yo laburaba de cadete y les juro que no sospechaba nada.
Lo único que me llamaba la atención es que veía más sobres que en el programa de Susana Giménez.
Yo pensé que eran cartas de la gente agradeciéndoles por la cantidad de proyectos que aprobaban en beneficio de la comunidad.
O que eran cartas de los senadores a la gente donde se disculpaban por los dos o tres días por año que no fueron a trabajar.
Pero parece que no era eso. La cosa es que me citó el Juez Liporaci. Parece que habló Cafiero o cantó Palito… ¿O fue al revés?.
No, debe haber sido al revés. ¿Por qué Palito cuándo cantó?
La cosa es que yo tampoco canté. Y eso que el juez me interrogó treinta y siete horas seguidas.
Al final pasó como siempre. Los senadores zafaron y a mí quisieron procesarme por afanarme dos biromes y una cajita de clips.
Menos mal que el día que tenían que confirmar el fallo, el juez Liporaci, que tanto se esforzó por descubrir las coimas, no pudo venir porque estaba reunido con los cien jardineros que contrató para cuidar el jardincito de la casita de cinco mil metros cuadrados que se compró con lo que se ahorró por viajar en colectivo en vez de tomar un taxi.
Yo aproveché el interruptus y con un per saltum, me rajé.
Pero no me la llevé de arriba. Los nervios que pasé me dejaron una secuela. El shot hepático. Cada que veo un sobre sufro una patada al hígado.
Pero Alfredito se la banca y sigue para adelante.
Un día estaba deshojando la margarita, no para saber que hacer sino para hacerme una ensalada porque no tenía ni una moneda trucha para comprar morfi, cuando de repente se me acercó un señor y me notificó que me buscaban de un estudio de abogados.
Al toque adiviné el motivo. Como yo era de los que creía en las promesas de los gobiernos para terminar con la crisis, seguro que me estaban haciendo juicio por boludo. Pero no. Cuando llegué me dijeron que me había tocado parte de una herencia de una tía abuela por parte de madre.
Yo ni me acordaba como se llamaba, pero igual lloré un rato y después me guardé la plata. Esta vez estaba dispuesto a no desaprovechar la que tal vez fuera mi última oportunidad para revivir. Para dejar de ser un ciudadano de decimocuarta. Para ser un argentino feliz. Así que pensé en irme del país.
Pero a último momento me agarró un ataque de patriotismo y, parado frente al Obelisco, me dije: “Si este país me ha dado tantas oportunidades, ¿por qué no le voy a dar una yo?”
Estaba convencido de que era el momento ideal para invertir en el país. De jugarme por mi nación.
Aunque primero, por las dudas, con una parte hice un plazo fijo en dólares en un banco. Un banco extranjero, obvio. Porque Alfredito Argentino no es ningún boludo.
A mí los bancos nacionales no me agarran más. Los bancos extranjeros son más serios. Tienen mucho respaldo. Ante cualquier problema traen los dólares de su casa central. Lo decía bien clarito el folleto.
Una vez concretado el plazo fijo, con el resto de la plata me jugué y puse una zapatería en Belgrano. Un lugar de mucho movimiento y buen poder adquisitivo. ¡Cabildo y Blanco Encalada!
Cuando el pronóstico anunció probables chaparrones yo me puse contento porque justo tenía en oferta las botas de lluvia.
Les juro que ni en la película “Una Tormenta Perfecta” vi tanta agua junta. Colgado de la reja del negocio veía pasar mis zapatos, la ropa del negocio vecino; bolsas de residuos; muebles, autos, una señora con su perrito pekinés… solamente faltaba el Arca de Noé.
No lo podía creer! Me pasó lo mismo que en el año 95 en mi campo de Pergamino. (Ver página 13)
Parece mentira o increíble pero es verdad. En nuestro país los problemas y los errores se repiten una y otra y otra vez.
Por suerte me ayudó el Gobierno de la Ciudad. ¿Por suerte? Sepan como y lo que fue de mi vida en el próximo capítulo… No lo van a poder creer!!!
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Segunda parte)
Así que busqué, busqué y recontrabusqué y al final conseguí una recomendación para un laburo bien pago y tranquilo en un lugar donde nunca pasa nada. El Senado Nacional. Mediados del año dos mil. Yo laburaba de cadete y les juro que no sospechaba nada.
Lo único que me llamaba la atención es que veía más sobres que en el programa de Susana Giménez.
Yo pensé que eran cartas de la gente agradeciéndoles por la cantidad de proyectos que aprobaban en beneficio de la comunidad.
O que eran cartas de los senadores a la gente donde se disculpaban por los dos o tres días por año que no fueron a trabajar.
Pero parece que no era eso. La cosa es que me citó el Juez Liporaci. Parece que habló Cafiero o cantó Palito… ¿O fue al revés?.
No, debe haber sido al revés. ¿Por qué Palito cuándo cantó?
La cosa es que yo tampoco canté. Y eso que el juez me interrogó treinta y siete horas seguidas.
Al final pasó como siempre. Los senadores zafaron y a mí quisieron procesarme por afanarme dos biromes y una cajita de clips.
Menos mal que el día que tenían que confirmar el fallo, el juez Liporaci, que tanto se esforzó por descubrir las coimas, no pudo venir porque estaba reunido con los cien jardineros que contrató para cuidar el jardincito de la casita de cinco mil metros cuadrados que se compró con lo que se ahorró por viajar en colectivo en vez de tomar un taxi.
Yo aproveché el interruptus y con un per saltum, me rajé.
Pero no me la llevé de arriba. Los nervios que pasé me dejaron una secuela. El shot hepático. Cada que veo un sobre sufro una patada al hígado.
Pero Alfredito se la banca y sigue para adelante.
Un día estaba deshojando la margarita, no para saber que hacer sino para hacerme una ensalada porque no tenía ni una moneda trucha para comprar morfi, cuando de repente se me acercó un señor y me notificó que me buscaban de un estudio de abogados.
Al toque adiviné el motivo. Como yo era de los que creía en las promesas de los gobiernos para terminar con la crisis, seguro que me estaban haciendo juicio por boludo. Pero no. Cuando llegué me dijeron que me había tocado parte de una herencia de una tía abuela por parte de madre.
Yo ni me acordaba como se llamaba, pero igual lloré un rato y después me guardé la plata. Esta vez estaba dispuesto a no desaprovechar la que tal vez fuera mi última oportunidad para revivir. Para dejar de ser un ciudadano de decimocuarta. Para ser un argentino feliz. Así que pensé en irme del país.
Pero a último momento me agarró un ataque de patriotismo y, parado frente al Obelisco, me dije: “Si este país me ha dado tantas oportunidades, ¿por qué no le voy a dar una yo?”
Estaba convencido de que era el momento ideal para invertir en el país. De jugarme por mi nación.
Aunque primero, por las dudas, con una parte hice un plazo fijo en dólares en un banco. Un banco extranjero, obvio. Porque Alfredito Argentino no es ningún boludo.
A mí los bancos nacionales no me agarran más. Los bancos extranjeros son más serios. Tienen mucho respaldo. Ante cualquier problema traen los dólares de su casa central. Lo decía bien clarito el folleto.
Una vez concretado el plazo fijo, con el resto de la plata me jugué y puse una zapatería en Belgrano. Un lugar de mucho movimiento y buen poder adquisitivo. ¡Cabildo y Blanco Encalada!
Cuando el pronóstico anunció probables chaparrones yo me puse contento porque justo tenía en oferta las botas de lluvia.
Les juro que ni en la película “Una Tormenta Perfecta” vi tanta agua junta. Colgado de la reja del negocio veía pasar mis zapatos, la ropa del negocio vecino; bolsas de residuos; muebles, autos, una señora con su perrito pekinés… solamente faltaba el Arca de Noé.
No lo podía creer! Me pasó lo mismo que en el año 95 en mi campo de Pergamino. (Ver página 13)
Parece mentira o increíble pero es verdad. En nuestro país los problemas y los errores se repiten una y otra y otra vez.
Por suerte me ayudó el Gobierno de la Ciudad. ¿Por suerte? Sepan como y lo que fue de mi vida en el próximo capítulo… No lo van a poder creer!!!
domingo, 31 de enero de 2010
...Y LLEGARON LOS TIEMPOS DE FERNANDO
¿Qué habré yo para merecer esto? Esta pregunta se la deben haber hecho millones de argentinos cuando vieron como actuaba el nuevo presidente. También me la hice yo, pero por las cosas que me seguían pasando.
CAPITULO IV (1999-2003 – Primera parte)
Tras la famosa luz de Víctor Sueiro, me desperté y volví a la vida. ¡Para qué! Cuando supe el resultado de las elecciones no lo podía creer.
Resulta que teníamos presidente radical, vicepresidente del Frepaso y un Congreso peronista. ¡Cogobierno! Me quería morir.
Si con los radicales me fue mal y con los peronistas peor; con los dos juntos chau. Seguro que me salían siete jorobas más.
Me agarró un ataque de nervios tan pero tan grande que para tranquilizarme tuvieron que hacerme veinte enemas de Valium.
Dio resultado. Me calmé. Pero tuve una dilatación anal y lo peor fue que me resultó agradable.
Claro que no tanto como enterarme de las declaraciones de los triunfadores en diarios, revistas y televisión. Al escuchar a De La Rua y a Chacho Alvarez renacieron mis esperanzas; el sol volvió a salir; la luz apareció al final del túnel; la felicidad invadió mi cuerpo y hasta tuve una erección. Para qué no sé, pero la tuve. Y Alfredito se la banca y le da para adelante.
Caminaba por la calle eufórico mientras la gente me miraba como si estuviera loco. Pero no. Sentía que por primera vez en muchos años, teníamos la oportunidad de arreglar el país económica y moralmente. Los resultados de la elección lo demostraban con total claridad. Alfredito argentino no es ningún boludo.
Los radicales y los del Frepaso juraban que habían formado la Alianza, “NO” para ganarle a Menem, sino para formar un nuevo país, en base a un programa de gobierno novedoso, estudiado, prolijo y de gran sentido social. Por eso ganaron.
El justicialismo salió segundo con la fórmula Duhalde, Palito Ortega, que era como una “pareja de truco”. Uno cantaba y el otro mentía. Además con ese resultado era una fija que Duhalde desaparecería para siempre de la política. Ya nunca más podría ser presidente.
Y tercero lejos, Domingo Cavallo. Que con ese resultado vio como quedaban sepultados sus sueños de volver al gobierno. Encima con todo lo que dijeron de Mingo los radicales y frepasistas ni bien asumieron, yo estaba recontra seguro que Cavallo nunca más volvería a ser ministro de economía.
Pero a mí lo que más me entusiasmó fue la fórmula ganadora. De La Rua- Chacho Alvarez.!!!
Fernando me copó. Vi los avisos de campaña y era una fiera.
El maestro de todos los chicos; el médico de todos los enfermos; el cliente de todos los travestis… Era una cosa de locos.
Nunca había visto a un presidente tan decidido y con tanto huevo.
Yo le apostaba a todo el mundo que esta vez sí pasábamos al frente.
Si hasta prometió terminar con los ajustes y bajar los impuestos.
Y por si eso fuera poco, de vicepresidente estaba Chacho Alvarez. Un político con ideas nuevas, firme y corajudo al que no iban a joder así nomás.
Cada vez que lo escuchaba hablar, yo pensaba: “Este la tiene clara. Tenemos gobernante por veinte años”.
Como le pifié. Chacho Alvarez fue como un embarazo. Nueve meses y afuera.
¡Ay Dios! Miren que nos hemos comido sapos en estos últimos 30 años. Pero esto ya más que un sapo fue una ensalada de rinocerontes.
Para colmo en esa época estrenaron Jurassic Park Tres que resultó idéntica al gobierno de la Alianza, porque de nuevo nos asustaban con los mismos dinosaurios.
Empezando por el velociraptor Machinea, que volvió como Ministro de Economía para demostrar que los groseros errores que cometió en el anterior gobierno radical no habían sido una casualidad. Y para que no queden dudas nos ajustó hasta las bolas.
Y también reapareció el tiranosaurio Alfonsín; al que yo me imaginaba pescando en Chascomús y resulta que estaba aconsejando al gobierno… ¡Aconsejando!... ¡Y en economía! Como si en ese rubro su gestión hubiera sido un éxito. Encima cada vez que opinaba el gobierno temblaba.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Si, señor. Con toda mi experiencia esta vuelta no me iba a quedar afuera. Yo la tenía clara. Alfredito argentino no es ningún boludo.
Era el momento de ponerse al lado del gobierno. Ese es el mejor lugar. Porque si te ponés adelante te “empoma” y se te ponés atrás te “garca”.
¿Cómo siguió mi vida? Ustedes ni se lo imaginan. O sí… Igual no se pierdan el próximo capítulo. El Jorobado siempre tiene una sorpresa.
CAPITULO IV (1999-2003 – Primera parte)
Tras la famosa luz de Víctor Sueiro, me desperté y volví a la vida. ¡Para qué! Cuando supe el resultado de las elecciones no lo podía creer.
Resulta que teníamos presidente radical, vicepresidente del Frepaso y un Congreso peronista. ¡Cogobierno! Me quería morir.
Si con los radicales me fue mal y con los peronistas peor; con los dos juntos chau. Seguro que me salían siete jorobas más.
Me agarró un ataque de nervios tan pero tan grande que para tranquilizarme tuvieron que hacerme veinte enemas de Valium.
Dio resultado. Me calmé. Pero tuve una dilatación anal y lo peor fue que me resultó agradable.
Claro que no tanto como enterarme de las declaraciones de los triunfadores en diarios, revistas y televisión. Al escuchar a De La Rua y a Chacho Alvarez renacieron mis esperanzas; el sol volvió a salir; la luz apareció al final del túnel; la felicidad invadió mi cuerpo y hasta tuve una erección. Para qué no sé, pero la tuve. Y Alfredito se la banca y le da para adelante.
Caminaba por la calle eufórico mientras la gente me miraba como si estuviera loco. Pero no. Sentía que por primera vez en muchos años, teníamos la oportunidad de arreglar el país económica y moralmente. Los resultados de la elección lo demostraban con total claridad. Alfredito argentino no es ningún boludo.
Los radicales y los del Frepaso juraban que habían formado la Alianza, “NO” para ganarle a Menem, sino para formar un nuevo país, en base a un programa de gobierno novedoso, estudiado, prolijo y de gran sentido social. Por eso ganaron.
El justicialismo salió segundo con la fórmula Duhalde, Palito Ortega, que era como una “pareja de truco”. Uno cantaba y el otro mentía. Además con ese resultado era una fija que Duhalde desaparecería para siempre de la política. Ya nunca más podría ser presidente.
Y tercero lejos, Domingo Cavallo. Que con ese resultado vio como quedaban sepultados sus sueños de volver al gobierno. Encima con todo lo que dijeron de Mingo los radicales y frepasistas ni bien asumieron, yo estaba recontra seguro que Cavallo nunca más volvería a ser ministro de economía.
Pero a mí lo que más me entusiasmó fue la fórmula ganadora. De La Rua- Chacho Alvarez.!!!
Fernando me copó. Vi los avisos de campaña y era una fiera.
El maestro de todos los chicos; el médico de todos los enfermos; el cliente de todos los travestis… Era una cosa de locos.
Nunca había visto a un presidente tan decidido y con tanto huevo.
Yo le apostaba a todo el mundo que esta vez sí pasábamos al frente.
Si hasta prometió terminar con los ajustes y bajar los impuestos.
Y por si eso fuera poco, de vicepresidente estaba Chacho Alvarez. Un político con ideas nuevas, firme y corajudo al que no iban a joder así nomás.
Cada vez que lo escuchaba hablar, yo pensaba: “Este la tiene clara. Tenemos gobernante por veinte años”.
Como le pifié. Chacho Alvarez fue como un embarazo. Nueve meses y afuera.
¡Ay Dios! Miren que nos hemos comido sapos en estos últimos 30 años. Pero esto ya más que un sapo fue una ensalada de rinocerontes.
Para colmo en esa época estrenaron Jurassic Park Tres que resultó idéntica al gobierno de la Alianza, porque de nuevo nos asustaban con los mismos dinosaurios.
Empezando por el velociraptor Machinea, que volvió como Ministro de Economía para demostrar que los groseros errores que cometió en el anterior gobierno radical no habían sido una casualidad. Y para que no queden dudas nos ajustó hasta las bolas.
Y también reapareció el tiranosaurio Alfonsín; al que yo me imaginaba pescando en Chascomús y resulta que estaba aconsejando al gobierno… ¡Aconsejando!... ¡Y en economía! Como si en ese rubro su gestión hubiera sido un éxito. Encima cada vez que opinaba el gobierno temblaba.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Si, señor. Con toda mi experiencia esta vuelta no me iba a quedar afuera. Yo la tenía clara. Alfredito argentino no es ningún boludo.
Era el momento de ponerse al lado del gobierno. Ese es el mejor lugar. Porque si te ponés adelante te “empoma” y se te ponés atrás te “garca”.
¿Cómo siguió mi vida? Ustedes ni se lo imaginan. O sí… Igual no se pierdan el próximo capítulo. El Jorobado siempre tiene una sorpresa.
sábado, 16 de enero de 2010
¡OH MAMA, A MI ME PASAN TODAS, OH MAMA!
Ya no sabía en qué o en quién creer. La malaria me crecía más rápido que el pelo.
CAPITULO III ( 1989-1999) (Décimocuarta parte)
Como les contaba, encontré un establecimiento público con una cama libre. Con abnegados profesionales dispuestos a curarme gratis.
¡Era el hospital Larcade de San Miguel y justo caí el día que lo tomó Aldo Rico! Otra vez se cruzaba en mi vida el ahora democrático y pintoresco militar. (¿Recuerdan cuando en Semana Santa rompió los huevos? Los de Pascua, digo, que traía en el rastrojero según cuento en el Capítulo II Primera parte)
En medio del despelote, el tipo me vio todo dolorido y me dijo: “Venga que yo le reviento ese grano”. Y me clavó la bayoneta en la joroba. Una semana después, cuando finalmente pudieron frenar la hemorragia, me di cuenta de que mi suerte estaba cambiando. Algo en mi interior me decía que las cosas iban a mejorar para mí.
Un enfermero me dijo que lo más conveniente para mí sería descansar un tiempo; distraerme, tomarme vacaciones.
Yo pensaba igual que él pero desgraciadamente no tenía plata ni para acampar debajo de la Autopista. Entonces el enfermero se compadeció de mí y me prestó un departamentito que tenía en Mar del Plata.
Y aunque no era verano, Alfredito se la banca y le da para adelante.
Fui de lo más contento y una tarde, caminando por la peatonal San Martín, la vi. No era muy linda, pero era mujer y joven. Tenía el pelo azul todo parado como Don King, una argolla en la nariz, alfileres de gancho en los párpados y un candado en cada pezón.
Reconozco que se trataba de una chica estrafalaria y llamativa pero yo tampoco era un dechado de belleza.
Empezando por la joroba que se me había puesto bicolor, los pedacitos de metal que se me veían en diferentes partes del cuerpo y los mechones de pelo chamuscado que me quedaban.
Lo importante fue que la mina no me sacaba los ojos de encima.
Y como Alfredito argentino no es ningún boludo, fui y la invité a tomar un copetín con los cincuenta platitos en la Rambla.
Ella primero me agradeció; después me contó que lo del copetín con los cincuenta platitos no existía más y por último me confesó que tenía ganas de escuchar música. Recuerdo que me preguntó “¿Te gusta el rock?”. Y yo, con tal de volteármela, le dije que sí. ¿Saben dónde me llevó? ¡Al recital de los Redonditos de Ricota!
¡Ay mi Dios que despelote se armó esa noche con la policía de Mar del Plata! Fue una batalla campal.
Tragué tanto gas lacrimógeno que todavía hoy, cada vez que respiro hondo lloro más que Andrea del Boca. Y el cirujano del hospital Interzonal me confesó que nunca hubiera imaginado que en un solo cuerpo humano podían caber tantas balas de goma.
Me banqué bien las primeras 76 operaciones, pero en la última entré en coma 5. Mi alma anduvo vagando por un túnel oscuro. Hasta que de pronto vi una luz que me enceguecía y me atraía a la vez. Llevado por una fuerza incontenible me dirigí hacia ella y ahí lo vi.
Era Víctor Sueiro jodiendo con una linterna.
La cosa es que por entonces el Turco Inmortal terminaba su mandato y yo soñaba, en mi estado comatoso, con que nuestro próximo presidente fuera un hombre decidido, seguro, pujante y carismático para que pueda sacar adelante el país.
¿Cuándo despierte podré seguir diciendo que Alfredito Argentino no es ningún boludo?
CAPITULO III ( 1989-1999) (Décimocuarta parte)
Como les contaba, encontré un establecimiento público con una cama libre. Con abnegados profesionales dispuestos a curarme gratis.
¡Era el hospital Larcade de San Miguel y justo caí el día que lo tomó Aldo Rico! Otra vez se cruzaba en mi vida el ahora democrático y pintoresco militar. (¿Recuerdan cuando en Semana Santa rompió los huevos? Los de Pascua, digo, que traía en el rastrojero según cuento en el Capítulo II Primera parte)
En medio del despelote, el tipo me vio todo dolorido y me dijo: “Venga que yo le reviento ese grano”. Y me clavó la bayoneta en la joroba. Una semana después, cuando finalmente pudieron frenar la hemorragia, me di cuenta de que mi suerte estaba cambiando. Algo en mi interior me decía que las cosas iban a mejorar para mí.
Un enfermero me dijo que lo más conveniente para mí sería descansar un tiempo; distraerme, tomarme vacaciones.
Yo pensaba igual que él pero desgraciadamente no tenía plata ni para acampar debajo de la Autopista. Entonces el enfermero se compadeció de mí y me prestó un departamentito que tenía en Mar del Plata.
Y aunque no era verano, Alfredito se la banca y le da para adelante.
Fui de lo más contento y una tarde, caminando por la peatonal San Martín, la vi. No era muy linda, pero era mujer y joven. Tenía el pelo azul todo parado como Don King, una argolla en la nariz, alfileres de gancho en los párpados y un candado en cada pezón.
Reconozco que se trataba de una chica estrafalaria y llamativa pero yo tampoco era un dechado de belleza.
Empezando por la joroba que se me había puesto bicolor, los pedacitos de metal que se me veían en diferentes partes del cuerpo y los mechones de pelo chamuscado que me quedaban.
Lo importante fue que la mina no me sacaba los ojos de encima.
Y como Alfredito argentino no es ningún boludo, fui y la invité a tomar un copetín con los cincuenta platitos en la Rambla.
Ella primero me agradeció; después me contó que lo del copetín con los cincuenta platitos no existía más y por último me confesó que tenía ganas de escuchar música. Recuerdo que me preguntó “¿Te gusta el rock?”. Y yo, con tal de volteármela, le dije que sí. ¿Saben dónde me llevó? ¡Al recital de los Redonditos de Ricota!
¡Ay mi Dios que despelote se armó esa noche con la policía de Mar del Plata! Fue una batalla campal.
Tragué tanto gas lacrimógeno que todavía hoy, cada vez que respiro hondo lloro más que Andrea del Boca. Y el cirujano del hospital Interzonal me confesó que nunca hubiera imaginado que en un solo cuerpo humano podían caber tantas balas de goma.
Me banqué bien las primeras 76 operaciones, pero en la última entré en coma 5. Mi alma anduvo vagando por un túnel oscuro. Hasta que de pronto vi una luz que me enceguecía y me atraía a la vez. Llevado por una fuerza incontenible me dirigí hacia ella y ahí lo vi.
Era Víctor Sueiro jodiendo con una linterna.
La cosa es que por entonces el Turco Inmortal terminaba su mandato y yo soñaba, en mi estado comatoso, con que nuestro próximo presidente fuera un hombre decidido, seguro, pujante y carismático para que pueda sacar adelante el país.
¿Cuándo despierte podré seguir diciendo que Alfredito Argentino no es ningún boludo?
domingo, 3 de enero de 2010
EL QUE NACE PARA BERMUDA, NUNCA LLEGA A PANTALON
Yo insisto con eso de “darle para adelante”, pero llega un momento en que me pregunto: ¿vale la pena luchar en este país?... La respuesta me la tienen que dar ustedes, después de que lean lo que pasó esta vez.
CAPITULO III ( 1989-1999) (Décimotercera parte)
Como les contaba al final del capítulo anterior, parecía que la suerte me había llegado y quise aprovecharla.
Por eso antes de volver a Buenos Aires pasé por el casino de Colonia.
Pensando en Pamela Anderson le aposté las últimas monedas que tenía al 28. (si no sabe que significa el número 28 en la Quiniela, pregunte s su quinielero amigo)
La cosa es que el numerete loco salió seis veces seguidas. Gané un montón de guita. Y ahí me agarró la duda. ¿En qué invertirla para no meter la gamba otra vez?
Alfredito argentino no es ningún boludo. Le presté atención a lo que psaba a mi alrededor.
En eso vi pasar a un pescador y se me iluminó el cerebro: “El futuro está en el mar”. No lo pensé más. Pongo una pescadería y me salvo para toda la cosecha.
Me recorrí toda la Capital Federal buscando una zona donde no hubiera una pescadería en 30 cuadras a la redonda. Caminé y caminé por los cien barrios porteños más que Lita de Lázzari hasta que encontré el ideal: Almagro.
Abrí mi negocio feliz entre corvinas y calamaretis cuando de pronto...
¡Incendio en la subestación de Edesur! ¡Once días sin luz.!
Ni las anguilas tenían electricidad.
Esta vez sí que se me pudrió todo. Encima cuando volvió la energía, en vez de 220 mandaron 480 y se me quemaron las heladeras, el acondicionador de aire y la máquina de hacer hielo
Ahí tuve distensión de médula y tortícolis intermitente. Sí, no se rían.
Parecía el Ingeniero Alsogaray corriendo en un fórmula 1.
Pero Alfredito argentino no es ningún boludo.
Le hice juicio a Edesur y se lo gané. Jé, je; a mí no me iban a joder. Cobré 13 pesos con cincuenta por cada día del apagón.
Iba por la calle haciendo números cuando justo me crucé con un amigo y le conté lo que me había pasado.
“No te calentés, loco”, me dijo. “Venite conmigo a la cancha, así te distraés un rato”.
Yo traté de rechazar la invitación alegando que en las canchas había mucha violencia.
Pero él insistió: “Es un amistoso a puertas cerradas, ¿qué puede pasar?”. Con ese argumento irrefutable me convenció y fuimos los más campantes.
Fue ese partido Boca-Chacarita en la Bombonera, donde los barras boquenses emboscaron a varios de Chacarita. Al lado de lo que pasó en esa tribuna, Kosovo era el show de los Teletubbies.
Miren cómo me habrán pegado, que Crónica TV cortó las imágenes mías porque le parecieron demasiado sangrientas.
Cuando recuperé la conciencia, los médicos casi se infartan. Y era lógico. Estaban en la morgue a punto de hacerme la autopsia.
Pero aunque algunos lo den por muerto, Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Igual los doctores decidieron dejarme en observación, no sé si como curiosidad médica o como milagro religioso.
El problema fue que como no tenía obra social y mucho menos medicina prepaga, anduve dando vueltas por ochocientas clínicas y sanatorios del conurbano. No tenían lugar ni en las incubadoras.
Hasta que por fin encontré un establecimiento público con una cama libre. Con abnegados profesionales dispuestos a curarme gratis.
¿Saben donde fui a parar? Repasen los diarios de la época; busquen por Internet. La pista que les doy es que no se trataba de un hospital para ricos, pero había uno. Y no es una pista “aldo pe”. El Jorobado la tiene clara… ¡No me dejen solo!
CAPITULO III ( 1989-1999) (Décimotercera parte)
Como les contaba al final del capítulo anterior, parecía que la suerte me había llegado y quise aprovecharla.
Por eso antes de volver a Buenos Aires pasé por el casino de Colonia.
Pensando en Pamela Anderson le aposté las últimas monedas que tenía al 28. (si no sabe que significa el número 28 en la Quiniela, pregunte s su quinielero amigo)
La cosa es que el numerete loco salió seis veces seguidas. Gané un montón de guita. Y ahí me agarró la duda. ¿En qué invertirla para no meter la gamba otra vez?
Alfredito argentino no es ningún boludo. Le presté atención a lo que psaba a mi alrededor.
En eso vi pasar a un pescador y se me iluminó el cerebro: “El futuro está en el mar”. No lo pensé más. Pongo una pescadería y me salvo para toda la cosecha.
Me recorrí toda la Capital Federal buscando una zona donde no hubiera una pescadería en 30 cuadras a la redonda. Caminé y caminé por los cien barrios porteños más que Lita de Lázzari hasta que encontré el ideal: Almagro.
Abrí mi negocio feliz entre corvinas y calamaretis cuando de pronto...
¡Incendio en la subestación de Edesur! ¡Once días sin luz.!
Ni las anguilas tenían electricidad.
Esta vez sí que se me pudrió todo. Encima cuando volvió la energía, en vez de 220 mandaron 480 y se me quemaron las heladeras, el acondicionador de aire y la máquina de hacer hielo
Ahí tuve distensión de médula y tortícolis intermitente. Sí, no se rían.
Parecía el Ingeniero Alsogaray corriendo en un fórmula 1.
Pero Alfredito argentino no es ningún boludo.
Le hice juicio a Edesur y se lo gané. Jé, je; a mí no me iban a joder. Cobré 13 pesos con cincuenta por cada día del apagón.
Iba por la calle haciendo números cuando justo me crucé con un amigo y le conté lo que me había pasado.
“No te calentés, loco”, me dijo. “Venite conmigo a la cancha, así te distraés un rato”.
Yo traté de rechazar la invitación alegando que en las canchas había mucha violencia.
Pero él insistió: “Es un amistoso a puertas cerradas, ¿qué puede pasar?”. Con ese argumento irrefutable me convenció y fuimos los más campantes.
Fue ese partido Boca-Chacarita en la Bombonera, donde los barras boquenses emboscaron a varios de Chacarita. Al lado de lo que pasó en esa tribuna, Kosovo era el show de los Teletubbies.
Miren cómo me habrán pegado, que Crónica TV cortó las imágenes mías porque le parecieron demasiado sangrientas.
Cuando recuperé la conciencia, los médicos casi se infartan. Y era lógico. Estaban en la morgue a punto de hacerme la autopsia.
Pero aunque algunos lo den por muerto, Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Igual los doctores decidieron dejarme en observación, no sé si como curiosidad médica o como milagro religioso.
El problema fue que como no tenía obra social y mucho menos medicina prepaga, anduve dando vueltas por ochocientas clínicas y sanatorios del conurbano. No tenían lugar ni en las incubadoras.
Hasta que por fin encontré un establecimiento público con una cama libre. Con abnegados profesionales dispuestos a curarme gratis.
¿Saben donde fui a parar? Repasen los diarios de la época; busquen por Internet. La pista que les doy es que no se trataba de un hospital para ricos, pero había uno. Y no es una pista “aldo pe”. El Jorobado la tiene clara… ¡No me dejen solo!
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