Solamente a mí se me ocurre pensar que me iba a salvar con este laburo. Ni el casamiento de los enanos que hiciera el querido y recordado Roberto Galán dio tanto que hablar. Pasen y lean:
CAPITULO IV ( 1999-2003 – Quinta parte)
Arreglamos y al otro día viajé a La Rioja para hacer de mozo en el casamiento del doctor Carlos Saúl Menem con la chilena Cecilia Bolocco.
Les juro que cuando lo supe me quedé sorprendido. Es que el turco tenía setenta y un años y ella treinta cinco. Para mí era como comprarse un libro para que lo lea otro.
Pero se casaron nomás. Y fue por amor… Por amor al poder.
Cecilia pensaba que si Menem era otra vez presidente, ella sería primera dama. Y el riojano pensaba que si no lo elegían acá, cruzaba los Andes con ella y se tiraba a ser presidente de Chile.
El asunto es que mientras ellos soñaban yo laburaba como negro…
Hacer de mozo fue una tortura. Primero fuimos con la idea de armar todo en Anillaco. ¡Para qué! Zulemita se rayó y echó hasta el loro.
Así que tuvimos que llevarnos todo para la capital riojana y armar de apuro ahí. Cuando terminé de poner la vajilla me di cuenta de que en ese casamiento habría más gente que en un River-Boca.
Encima se mandaron un locro popular. Imaginate; cuando salía de la cocina y llegaba a la otra punta, el locro ya estaba congelado. Así que de vuelta a la cocina… Todo en medio de las puteadas, los empujones, los codazos, los pisotones… No se imaginan. Para peor, diez horas después de que se habían ido los novios, la gente todavía seguía comiendo.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Terminé hecho pelota. Acalambrado hasta el cuello. Con unas ampollas en los pies tan pero tan grandes que cuando me las reventé se me inundó el cuarto. Y de tanto llevar bandejas, tuve un miniquiebre de muñeca izquierda, lo que me dio apariencia de trolo. Apariencia que resultó bastante evidente pues varios mozos me cargaron y un par, me dieron su número de teléfono.
Por suerte después de un mes, estaba prácticamente bien.
Pero Alfredito argentino no es ningún boludo.
Ese laburo lo iba a cobrar si o si. Fui a la agencia y me dijeron que la plata la tenía el novio. Ahí nomás me fui a la casa del turco. Toqué timbre y una mucama me dijo que el señor Menem había salido. “¿Está de luna de miel?”, arriesgué. “No, Está preso”, me contestó.
Yo creo que si no caí muerto en ese momento, no me muero más.
Es que me agarró un terrible ataque… de risa. En serio… Si hasta tuve una entorsis de mandíbula. Porque yo podía creer que Florencia De La Ve estuviera embarazada. ¿Pero el turco en cana?… No. Y menos acá.
Sin embargo era verdad. Cuando confirmé la noticia, mi forma de pensar cambió completamente.
Me sentí orgulloso de mi país. Por fin habíamos crecido. Por fin esto dejaba de ser un circo. Por fin la justicia actuaba con firmeza, decisión y seriedad.
Emocionado pregunté si estaba en Devoto; Ezeiza o Sierra Chica. “No, me respondió. En La Quinta de Gostanian”.
Sin ánimo de ofender, este país en vez de Argentina se tendría que llamar Sarrasani…
El asunto es que la Quinta de Gostanian se transformó en La Meca.
Empezó a ir más gente que en una procesión a Luján. Y eso me dio una idea
Con tanto movimiento, el negocio está es ponerse un puestito ambulante para vender choripan, “sanguches”, pan con chicharrón… o “suvenirs”. Eso me gustó más. Los “suvenirs”. Así que empeñé parte de la ropa que tenía puesta, compré mercadería y me fui para allá.
¿Ya se imaginan como me fue? Eeeeeh!!! Miren que alguna vez las cosas me pueden ir bien… Claro que no será esta… La próxima sabrán por qué
lunes, 23 de agosto de 2010
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