A mí no pega la gente, me pega el destino. Cada decisión que tomaba para mejorar mi vida, me terminaba resultando una terrible trompada en el hígado o un tremebundo patadón en los testículos, por nombrar solo dos de las cien partes de mi cuerpo afectadas por hechos.
La hora de elegir candidatos presidenciales, no sería una excepción. Y no me digas que vos no te ensartaste con este tipo.
CAPITULO III ( 1989-1999) (quinta parte)
Como Alfredito Argentino no es ningún boludo, analicé el prontuario, perdón el curriculum, de cada uno de los candidatos hasta que descubrí a un provinciano decidido y seductor, que prometía sacarnos adelante cuando fuera presidente.
¡Sin ningún tipo de dudas, puse toda la plata apoyando la campaña de Massaccesi! (Horacio Massaccesi, del que hoy no se acuerda ni Alfonsín, fue el candidato radical venido de Río Negro. Será por eso que todavía cada vez que veo una manzana, lloro.)
Pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
Estaba convencido de que, en su segundo mandato, Carlos Saúl se mandaba el salariazo y la revolución productiva.
Récord máximo de la desocupación!
¡Fue tal mi depresión que en vez de un médico, llamaron a un agrimensor. Al mismo tiempo se me cayó el pene de repuesto y tuve cálculos en la joroba. Por las dudas, decidieron internarme.
Como me mandaron a un hospital público, tuve que compartir la cama con un señor operado de próstata. El tipo se conmovió cuando le conté mis desventuras y prometió ayudarme.
Por medio de un pariente, me consiguió trabajo. "Es en la provincia de Córdoba, me dijo. Buen sueldo y el lugar es muy tranquilo."
Alfredito argentino no es ningún boludo.
Acepté volando y en los primeros días de noviembre del 95 empecé a trabajar en la fábrica militar de Río Tercero.
Hasta hoy me dura el brote cursiadérico. Explota un globo y se me derriten los intestinos. Los centros nerviosos me quedaron destruidos; cada vez que tosía parecía una ametralladora y en el cuerpo todavía tengo más metal que Robocop.
Mientras me recuperaba del cuadragésimo post-operatorio, llegué a la conclusión de que el ‘95 no había sido un buen año para mí.
De verdad les digo. No es que sea pesimista y me guste tirar mala onda. Simplemente tuve la sensación de que las cosas no andaban del todo bien.
Pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
Para encarar el 96 seguro y confiado, decidí consultar a una vidente, astróloga, tarotista y todo eso, para que me cante la justa sobre el nuevo año. Agarré Clarín; Rubro 59. No, perdón. Rubro 60. En el rubro 60 figuran las que tiran el tarot, el dominó, los dados... Las del rubro 59 tiran otra cosa....
Mi primera satisfacción fue comprobar que no cobraba la consulta.
Menos mal porque lo único que me quedaba de valor era un anillo de oro, herencia de mi viejo.
Y miren lo que son las cosas. La vidente enseguida descubrió que ese oro era el causante de mi mala suerte; producto de una conjunción maligna de estrellas, planetas y unos cuantos meteoritos.
Alfredito Argentino no es ningún boludo. Inmediatamente me saqué el anillo y se lo di. Momentos después me revelaba que el ‘96 era mi año. Obtendría trabajo, fama y mujeres. ¡¡¡Mujeres!!! Cómo las extrañaba. Porque con tantos quilombos, tenía menos sexo que la película Patoruzito.
Salí a la calle entusiasmado y crean o no, pasó lo previsto. Me crucé con un amigo de la infancia que me ofreció un trabajo bien pago, seguro y en pleno contacto con la naturaleza.
¿Querés saber dónde fui y cómo me fue?
Tenés dos posibilidades: o buscás en los diarios de aquella época o lees el próximo capítulo.
miércoles, 11 de marzo de 2009
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