lunes, 2 de febrero de 2009

QUE RACHA LA DE LOS 90

En el auge de las cosas truchas, me venía salvando aunque las secuelas para mi salud eran importantes. Mi transformación en Quasimodo era lenta pero constante. Y todavía me quedaban varios años por delante con El Turco en la presidencia. Pero Alfredito se la bancaba y le daba para adelante. ¿Y vos?.. Claro, otra no quedaba…

CAPITULO III ( 1989-1999) (tercera parte)

Los dos que quedamos vivos, decidimos festejarlo jugando al Prode.
¡Y lo ganamos!... Junto con otras doscientas personas.
Nos tocó poco, pero alcanzó para poner el negocio que era furor en ese momento. Un parripollo.
Trabajé mañana, tarde y noche, para progresar. Porque Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
Encima un conocido nos ofreció diez mil pollos a precio regalado. Era el momento de dar el gran salto. Y lo di... A la cárcel.
Era un remanente extraviado de los pollos de Mazzorín. (ver capítulos de la era Alfonsín) "Otra vez me garcan con esos pollos. No puede ser", insistí yo y me comí dos. ¡Para qué!
No sólo fui en cana sino que además se me alteró el metabolismo. Me salió otro pene. Al pedo, porque también me agarró impotencia.
Pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante.
Por tener doble pene, me llevaron al programa de Susana Giménez. Estuve antes del hombre más bajo del mundo y después de la mujer que se depilaba con un cepillo de carpintero.
Con el dinero que cobré por esa participación, tomé una sabia decisión. Después de casi veinte años de sufrimientos, merecía unas vacaciones. Tenía que gastar la plata en algo que me gustara; que me diera alegría y felicidad. Por eso, como Alfredito Argentino no es ningún boludo, a mediados del 94, me fui a Estados Unidos y aposté todos mis ahorros a mano de la Selección argentina.
“Alfredito Argentino no es ningún boludo”, pensé. Con Maradona tan flaco ganar el Mundial de fútbol era un trámite.
¡¡Quién carajo habrá inventado la efedrina!!
Al Diego le cortaron las piernas y yo casi me corto las pelotas.
La selección se volvió pero yo me quedé porque ya tenía todo pago hasta la final. No se imaginan lo que sufrí en medio de los brasileros. Yo me hacía el distraído, cuando se me arrimaron dos negros grandotes. Para disimular, empecé a elogiar a un jugador de ellos: "Me gusta Dunga... Dunga", les dije.
¿Saben que no eran brasucas? Eran africanos. Sonrieron y me susurraron " Vení que te hacemos dunga, dunga.".
Me llevaron detrás de la tribuna todo el segundo tiempo, el alargue y los penales. Perdí por goleada.
Pero no hay mal que por bien no venga. Los morochones me curaron las hemorroides y cada tanto me mandan una tarjeta postal.
Volví de polizón en un barco de carga, comiendo ratas, gaviotas y tomando agua de lluvia. Justo me descubrieron al llegar.
Mientras pensaba que me iban a deportar, pues no aceptarían que yo fuese argentino, no va y resulta que el oficial de la prefectura resultó amigo del barrio de mi infancia. El tipo se portó de diez. Me dio de comer y me consiguió trabajo. ¡Y un flor de trabajo!
Cadete de la presidenta del Banco Hipotecario.
Yo agradecía a Dios esta gran oportunidad en mi vida cuando supe que la presidente era Adelina Dalesio de Viola. Ahí se me prendió una lucecita roja. Porque Adelina era de la U.C.D. (Unión del Centro Democrático. Partido creado por el Ingeniero Alvaro Alsogaray y que, con María Julia y Adelina a la cabeza, terminó siendo un semillero menemista)
Entonces me contaron que se había convertido al menemismo y pasó por varios cargos hasta que José Luis Manzano la terminó ubicando en el Banco Hipotecario.
Como yo no quería ponerme a discutir los milagros de la política, dejé de preguntar y fui a ocupar mi puesto.
¿Ustedes piensan que por fin se me había dado la buena? Lean el próximo capítulo y se van a enterar.

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