La etapa del Turco presidente no habrá sido buena pero sí fue entretenida. Yo la seguía peleando; no me daba por vencido y juré salir adelante aunque tenga que romperme el culo. Y las promesas se hacen para cumplirlas. ¡Y sufrirlas!
CAPITULO III ( 1989-1999) (décima parte)
Les contaba en el Capítulo anterior que por entonces me encontré con una Alianza.
Cuando me contaron que se habían unido los radicales con el Frepaso, me reí. Pensé que era una joda para Tinelli.
Pero no. Estaban juntos, nomás. “Coincidencias programáticas, me dijeron”. Y pensar que para las elecciones del ’95 fueron enemigos a muerte y se acusaron de todo.
Encima Hilda “Chiche” Duhalde había perdido en la provincia con una tal Graciela Fernández Meijide. (Otra “iluminada” figura política que venía para combatir a los políticos tradicionales. Será inolvidable su spot televisivo de campaña en que se la veía pisando barro en una villa de emergencia. Dicen que habría sido la primera vez que vio a un pobre. Y la última.)
Yo no la conocía, pero igual me puse contento porque en nuestra política hacía falta “sangre joven”.
Sentía que todo esto abría una posibilidad de cambio.
Y como Alfredito argentino se la banca y le da para adelante, me asocié con un arquitecto al que ni para manejar un taxi lo tomaban y empezamos a pedir limosna. Ni bien juntamos un peso nos compramos un cartón de Telekino.
¿Quieren creer que nos ganamos el primer premio?. No fue un monto de los que te cambia la vida pero sirvió. Nos quedaron cien lucas a cada uno.
Y como Alfredito argentino no es ningún boludo, ¿qué hizo?
Enseguida puse la mitad en el banco. Y con la otra mitad abrí un coqueto restaurante por Palermo en una zona concheta.
Todo indicaba que me iba a llenar de plata. Recuerdo que el mes de noviembre de 1997 fue increíble.
Se puso de moda el robo a restaurantes. Miren como habrá sido que a mí... ¡Me asaltaron once veces!
La última, como no había ni plata ni clientes, se llevaron los jamones que tenía colgados del techo y la máquina de hacer ravioles.
Ese problema me provocó una nueva alteración física. Tuve mal de Parkinson testicular. Sí, no se rían. Cada vez que salía a la calle me temblaban los huevos.
Por suerte recuperé unas veinte lucas de todo eso. Y como no quería tocar lo del banco, pensé: “Tengo que invertir en algo seguro. Y qué más seguro que la propiedad. Los ladrillos siempre dan ganancias.”
Buscando en el diario encontré una oferta maravillosa.
Un departamento de tres ambientes, planta baja a la calle, y pedían 25 mil pesos. Sí, ya sé. Algún curro debía haber, pensarán ustedes.
Yo también, porque Alfredito argentino no es ningún boludo.
Pero fui un mediodía a verlo y estaba bárbaro. Además el dueño tenía todos los papeles en regla. Así que se lo compré.
“Si el tipo es un gil, la culpa no es mía”, pensé.
Y en los primeros días de 1998 me fui a vivir a mi hermoso y tranquilo departamento en planta baja a la calle, ubicado en ¡Paraguay y Godoy Cruz, Palermo Viejo!
¿Y qué carajo sabía yo de travestis?!
Pensé que le decían Zona Roja porque eran todos de Independiente. Para colmo enganché el fin de los edictos. ¡Para qué les voy a contar!
De noche armaban quilombo los travestis y de día armaban quilombo los vecinos. Todo este asunto me volvió a desestabilizar los nervios y tuve alteraciones sicosomáticas. Resultado: me crecieron tetas.
¡Lo único que me faltaba.! Ahí nomás pensé en suicidarme. Pero una vocecita interna me dijo: “Alfredito, no seas boludo” “Aprovechá esas tetas. Ponete una peluca, pintate los labios y salí que te llenás de guita”
En otro momento me hubiera negado rotundamente. Pero estaba sin laburo y sin plata. Porque la del banco no la quería tocar. La guardaba para cuando las cosas me fueran mal. Y además sentía que mi vida necesitaba un cambio. Esta era mi gran oportunidad.
Así que esa noche me vestí de mujer y salí dispuesto, perdón, dispuesta a ganar plata de una buena vez.
No me dieron bola ni los borrachos. El único vehículo que paró fue el camión de la basura. Para colmo con los zapatos de taco alto me torcí 24 veces los tobillos y me quedó un esguince crónico.
El maquillaje me sacó un sarpullido que me dejó la cara peor que la de Freddy Krugger. Y encima, por la presión de la medibacha, se me hernió un huevo.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Para saber lo que había adelante (si es que no lo recuerdan) no se pierdan el próximo capítulo de EL JOROBADO DE ARGENTINA.
lunes, 14 de septiembre de 2009
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