martes, 8 de febrero de 2011

Y DE GRANDE ME MANDARON AL CORRALITO

Si las desgracias se cotizaran en bolsa, yo sería multimillonario. Pero no… mis desgracias no se cotizan en bolsa; más bien me terminan haciendo bolsa.


CAPITULO IV ( 1999-2003 – Sèptima parte)

Como les contaba en el capítulo anterior, me gané ciento cincuenta lucas con La Poceada. Ni bien tuve los billetes en la mano, supe lo que debía hacer.
Porque Juancito argentino no es ningún boludo.
Con esa plata me iba a mandar a mudar de semejante malaria. País nuevo, vida nueva. Porque en el exterior estaba la enorme posibilidad de conseguir trabajo y a pasar al frente.
¡Qué voy a pasar! No pude sacar el pasaporte porque se había terminado el papel. En serio. No los estoy jodiendo.
Revisen los diarios viejos. En ese momento no había papel para hacer los pasaportes.
Y todo porque no le pagaban a la empresa proveedora. Eso a pesar de que cuando hacías el trámite te cobraran religiosamente el costo del pasaporte.
Digan la verdad. Este país merecería estar en Libro Guinnes porque tenemos los récords más insólitos del mundo
Yo estaba tan desesperado por irme, que le dije al tipo que me atendió que me lo hiciera con cualquier papel. Papel madera; papel araña; papel higiénico… Me daba lo mismo. Si igual yo no pensaba volver.
Pero no hubo caso y perdí todo. Pasaje, plata y hasta las ganas de seguir.
Se me cayó el ánimo y junto con el ánimo se me cayeron las últimas defensas de organismo que para esa época eran dos. Así que me vino sarampión, paperas, aftosa y celulitis. Los médicos dijeron que yo era una maravilla para la ciencia… Para la ciencia ficción.
Estuve un tiempo como perdido. Tirado debajo de un puente. Viviendo de la caridad… Hasta que un día me acordé que yo tenía un plazo fijo en dólares. Ese que había hecho con una parte de la herencia de mi tía abuela. (ver capítulos anteriores) ¡Salvado!, grité. Y me fui al Citibank a cobrarlo. ¿Adivine que fecha era? Seguro que acertó. Era el 3 de diciembre del año 2001.
Esa fecha no se la olvidan nunca más. Con el tiempo será recordada como el día del gran “choreo” nacional.
Fue como esos robos “express” a los bancos pero al revés. En dos minutos le afanaron los dólares a todos los ahorristas.
Ese día también parió una palabrita que iba a quedar en los anales de la historia argentina. “El Corralito”.
Hay que reconocer que Domingo Cavallo tuvo una imaginación tan grande como la creadora de Harry Potter. De su afiebrada mente surgieron ideas tales como “pagar el aguinaldo en cuotas”; “dolarizar”; o sea reemplazar el peso por el dólar y la famosa “canasta de monedas”
Digan que no le permitieron hacer realidad muchas de ellas que si no... Igual nos embocó “El Corralito. Y de la noche a la mañana nos “bancarizó”.
Todo había que hacerlo con tarjeta. Comprar, vender, viajar, fifar…
Lo peor es que mucha gente el único plástico que conocía era el de la cortina que tenía en la puerta de la pieza o el de la botella de gaseosa.
Y a esa gente humilde con poca instrucción que trabajaba en negro o hacía changas, Mingo le pedía que abriera cajas de ahorro; manejara claves, hiciera transferencias, sacara chequeras y se acordara del CBU.
Yo creo que hasta último momento, Cavallo creyó en serio que vivía en el primer mundo. Y la verdad es que vivía en otro mundo.
La cuestión es que yo fui uno de los primeros en ir a un banco y armar
despelote. Para que la cosa no pasara a mayores; un gerente me llevó aparte y me propuso que si no reclamaba, él usaría su influencia en el más alto nivel político para conseguirme un trabajo muy piola. Algo liviano donde me darían auto, traje y cuatro lucas por mes.
Juancito argentino no es ningún boludo.
Ese era el trabajo con el que sueña cualquiera.
¿A qué no se imaginan cuál era el trabajo? ¿Y con quién?.. Pucha, que son aburridos.

lunes, 17 de enero de 2011

RECIBO MAS CACHETAZOS QUE PAYASO DE CIRCO

Cada posibilidad que me sale, es un cachetazo más… ¿Qué hice yo para merecer eso? Naciste en Argentina, boludo… Me dijeron el otro día. ¿No me creen? Lean.

CAPITULO IV ( 1999-2003 – Sexta parte)

Yo siempre lo dije. Juancito argentino no es ningún boludo.
El problema fue que hubo muchos otros que tampoco fueron boludos. Cuando llegué, eso era un carnaval de puestos ambulantes. Con el Con el correr de los días, terminamos siendo más vendedores que gente.
Al final me tuve que morfar la mercadería. Y no eran empanadas sino llaveritos con la fotito de Menem-Bolocco.
Esto terminó pateándome el treinta por ciento que todavía me funcionaba del hígado. Cuando los médicos vieron los análisis, llegaron a la conclusión que la pataleta no fue culpa del plástico ni de las cadenitas, sino de la foto del Turco.
Pero Juancito Argentino se la banca y le da para adelante…
Entre tanta gente pasó por la Quinta, uno me tomó simpatía y me dijo que cuando largara eso, lo fuera a ver porque tenía un trabajito piola para mí.
Y Juancito Argentino no es ningún boludo.
Donde hay un trabajito piola, primero yo. Así que lo fui a ver .
Realmente el laburo era una papa… Al aire libre; recorriendo el país; charlando con un gran grupo de gente y hasta me daban una comida gratis.
No lo pensé dos veces; firmé una planilla… Y al otro día me mandaron a Salta a trabajar de “piquetero”.
Como nunca había escuchado la palabra piquetero, al principio la asociaba con el piquete de ojos que hacían los Tres Chiflados o Martín Karadagián en Titanes en el Ring…
Y tampoco me imaginaba semejante represión de parte de la policía salteña. Tragué tanto gas lacrimógeno que todavía hoy, cada vez que respiro hondo lloro más que Andrea del Boca.
Y el cirujano del hospital me confesó que nunca hubiera imaginado que en un solo cuerpo humano podían caber tantas balas de goma.
Mientras me restablecía de las setenta y dos operaciones, repasé mentalmente todas las enfermedades que había padecido durante los últimos veinticinco años. Y llegué a la conclusión que todo no me pasó por vivir en la Argentina sino que yo debería ser medio hipocondríaco.
Justo para esos días, al presidente lo operan de apuro y tras cartón el Ministro de Salud Héctor Lombardo sale diciendo que tiene arteriosclerosis. ¡Para que! Se armó un revuelo de la puta madre. Que el presidente tiene esto. Que tiene aquello… ¡Por favor! Comparado con lo que tuve yo, De La Rua era Supermán.
Claro que si De La Rúa era Supermán, la Alianza era la kryptonita verde. Porque entre radicales y frepasistas lo estaban haciendo pelota.
La cosa venía tan mal que las elecciones de Octubre fueron las únicas de la historia donde todos los candidatos eran opositores.
Cuando en el hospital me dieron de alta porque necesitaban la cama para otro que estaba peor que yo, me volví a la Capital.
Porque Juancito Argentino se la banca y le da para adelante.
Hice un rápido análisis de la situación y me decidí a trabajar de lo que trabajaban miles de personas. De “manguero”.
Empecé a pedir plata por la calle, cosa que no resultó fácil porque la competencia era terrible y la gente no largaba una moneda, salvo que se la robaran. Y en eso también había mucha competencia. Incluyendo al ministro de economía, que seguía siendo Domingo Cavallo, un genio en eso de sacarle plata a la población, especialmente a los que menos tienen.
Pero no todas son pálidas. Una señora se apiadó de mí y me dio una fortuna. Cinco pesos. Ahí nomás me los jugué a la quiniela poceada y gané ciento cincuenta lucas.
Bueno, no ponga esa cara. Alguna vez tenía que tener suerte.
Ni bien tuve los billetes en la mano, supe lo que debía hacer.
Porque Juancito argentino no es ningún boludo.
Sean sinceros… ¿A esta altura ustedes piensan que no soy ningún boludo? Y si no lo soy lean lo que me pasó en la próxima entrega,