martes, 1 de diciembre de 2009

¡ESTABA MEJOR CUANDO ESTABA PEOR!

Ni siquiera pude “colocarla”… La malaria me seguía pegando duro pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante. Eso porque no sabía lo que me iba a pasar.

CAPITULO III ( 1989-1999) (Duodécima parte)

Les contaba que quería echarme uno pero mi “aparato” no respondía.
Se ve que el de arriba me tuvo lástima y a fines del ’98 apareció el VIAGRA.
¡Ah! Cuántos festejamos este invento. Pero mucho más lo festejaron las mujeres. “Por fin ese pedazo de carne inútil serviría para algo”, pensaron ellas.
El VIAGRA voló de las farmacias y el resultado fue impresionante.
Se pararon más corazones que penes.
En lo que a mí respecta; me dejé llevar por la ansiedad y, escéptico como buen argentino, me tomé 20 al mismo tiempo. Por las dudas.
Lo que no tuve en cuenta fue el estado neurosiquiátrico de mi novia. Resulta que a ella la internaron en el Moyano un ratito antes de que tomara las pastillas. No hubo forma de convencer a los médicos de que me dejaran estar con ella, aunque más no sea diez minutos.
Y eso que les expliqué que lo mío también era una emergencia.
Fue muy duro. Gracias a Dios que no me morí, porque sino no hubiesen podido cerrar el cajón. La erección me duro dos meses y parecía un circo ambulante. Iba de un lado a otro con la carpa...
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante...
Estaba empezando el ’99 y yo presentía que este por fin podía ser no sólo mi año sino también el año de todos los trabajadores, porque el Gobierno le declaró la guerra a la desocupación.
No le ganó ni siquiera una escaramuza. En este país los únicos que siempre tienen trabajo son los que hacen las encuestas para saber cuánta gente no tiene trabajo.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
No era cuestión de bajar los brazos por una pequeña mala racha, ¿no? Y así estaba, pensando qué hacer con mi vida, cuando me encontré con un compañero de la primaria que había hecho mucha guita.
¡Era falsificador! Me dijo que se iba unos meses a Europa y necesitaba que alguien de confianza le cuidara la casa. Por supuesto, acepté.
Ah, no saben lo que era eso. Una mansión infernal. Pileta de natación, cancha de tenis, yacuzzi, sauna... ¡Y todo para mí.! ¡Qué verano de puta madre iba a pasar!
Dos días me duró la joda. Fue la época donde se puso de moda hacer razzias en busca de extranjeros indocumentados.
Un vecino me vio regando las plantas, creyó que era usurpador y me denunció. Yo traté de explicar mi situación, pero intuyo que los policías no me creyeron porque me decían: “¡Qué vas a ser argentino vos, jorobado de mierda!”.
Me dieron una paliza y encima destrozaron toda la casa, así que después mi amigo quiso hacerme juicio por daños...
Ahí fue cuando me hinché como un sapo y me agarré una culebrilla impresionante. Para curarme estuve un mes tomando sopa de tinta china.
Pero Alfredito argentino se la banca y le da para adelante.
Leí un aviso de una agencia de seguridad que necesitaba personal... Como no pedían buena presencia, me mandé.
No lo podía creer. Me tomaron enseguida y me mandaron nada menos que a Punta del Este. “Salvé el verano” fue lo primero que se me vino a la cabeza.
Fui confiado porque me dijeron que era un trabajo muy tranquilo, al sol y en la playa. Llegué en enero del 99 para ser... ¡Custodio de Pamela Anderson!
En pleno auge de la serie Baywatch se le ocurrió venir al Uruguay.
Ni con un gol de Boca a River sobre la hora vi semejante avalancha. Me pasaron por arriba como 500 tipos. A ella le dejaron marcadas las manos en los pechos y a mí los pies en la espalda. No podía respirar.
Y encima un corto de vista me acariciaba la joroba y decía:
“¡Qué gomas tenés, Pamela!”.
Igual la saqué barata. Sólo tuve fisura de coxis y medio desprendimiento de retina. Para mi historia clínica, dos boludeces.
“Estoy de suerte y tengo que aprovecharlo”, me consolé.
¿Alfredito argentino con suerte? Eso tenés que verlo, o mejor dicho, leerlo, en el próximo capítulo de EL JOROBADO DE ARGENTINA.