CAPITULO I (1975-1983) Segunda Parte
¡Pero Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante!
Luego del BIR (ver anterior) conseguí varios trabajos, algo que en esa época todavía era posible, y pude juntar plata otra vez.
Rápidamente y para estar a cubierto de cualquier contingencia financiera, decidí comprar dólares. Pero justo antes de salir para el banco escuché por radio al nuevo ministro de economía, porque a Martínez de Hoz ya le habían dado el olivo y lo habían reemplazo por un tal Lorenzo Sigaut, otro de los funcionarios “derechos y humanos” que nos había impuesto el Proceso Militar.
El mencionado Lorenzo Sigaut afirmó de manera seria y convincente que: "El que apuesta al dólar pierde".
Obviamente, Alfredito argentino no es ningún boludo.
¡Minga iba a ir al banco a perder mi plata! Me quedé con todos los pesos encima. Fue la enema más cara de mi vida. Encima casi me da una embolia; me agarró artrosis estomacal y me salieron verrugas hasta en las uñas.
Y no hablar de mi depresión; de mi falta de ánimo. Por eso el médico me aconsejó mudarme a un lugar muy tranquilo; de hermosos paisajes marinos y lejos del mundanal ruido. Ni bien miré el mapa, descubrí ese lugar. Estaba en el sur. Así que empeñé todo lo que tenía y me preparé para viajar a Ushuaia. Conseguí pasajes de avión para el dos de abril de 1982, a la tarde.
Cuando por la mañana leí que habíamos invadido Las Islas Malvinas no supe si reír o llorar. Como todo argentino yo quería recuperar las islas, pero mudarse en ese momento al sur era más peligroso que tener pirañas en un jacuzzi.
Mientras analizaba este sentimiento encontrado, vino a buscarme un grupo de amigos para que fuésemos a la Plaza de Mayo a festejar. ¡Ustedes están completamente locos!, les recriminé “Recuerden que tenemos una dictadura y cuando fuimos por la convocatoria de Ubaldini la infantería de policía nos molió a palos. Nos pegó tanto que hasta a los bastones le salieron chichones”
Pero no hubo caso y fuimos. Casi me infarto. La Plaza desbordaba de gente con banderitas argentinas que saltaba y gritaba. De golpe (de qué otra forma podría ser) el General Leopoldo Galtieri salió al famoso balcón de la Casa Rosada. Y la gente lo aplaudió. Yo no entendía nada.
Lo primero que hizo Galtieri tras salir al balcón fue apoyarse en la baranda porque de la curda que tenía no se podía mantener en pie. Luego se dirigió a la muchedumbre, que lo volvió a aplaudir.
Yo traté de explicarles que eso no era correcto pues se trataba de un presidente de facto. ¡Para qué! Me rodearon unas cien personas y al grito de traidor; cipayo inglés y vende patria, me sacaron a patadas de la Plaza. Me pegaron tan pero tan fuerte que durante unos meses lleve la marca “suelas Febo” estampada en el culo.
La euforia siguió un tiempo, alentada desde un noticiero llamado “Sesenta minutos” donde su conductor José Gómez Fuentes nos decía, recurrentemente, “vamos ganando”.
Hasta que la realidad nos despertó de un cachetazo. Inglaterra, ayudada por nuestros falsos amigos norteamericanos y la dictadura chilena, recuperó las islas y nos dejó otra generación de jóvenes herida para siempre.
Lo único positivo fue que se abrió el camino para el retorno a la democracia.
Y como Alfredito Argentino se la banca y le da para adelante; me puse contento por eso. Con los políticos manejando el país, se terminaría la pobreza, la corrupción, el desempleo y florecerían la salud, la educación y la honestidad! ¿Habré acertado?
No te pierdas el comienzo del Capítulo II (1983 – 1989) – ¡¡¡Desopilante!!!

